Tarta de cerveza negra

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recetas dulces con cerveza. Tarta de cerveza negra

Si os dais un paseo virtual por la red, pocas recetas de postres vais a encontrar tan bien valoradas como la de la tarta de chocolate y cerveza negra. Si además te dicen que es tan fácil de hacer, resulta una invitación difícil de rechazar.

Se trata de un bizcocho en el que el trabajo es mezclar los ingredientes y hornear. Encima pondremos una crema de queso para la cobertura bastante fácil también. Se podría comer sólo el bizcocho, que está buenísimo, pero la crema de queso completa sabores y recuerda la caraterística espuma de una buena cerveza negra bien servida.

Dificultad: Fácil
Tiempo: 20 minutos de elaboración. 50 minutos de cocción
Comensales: 10-12

Ingredientes

  • 250 gramos de harina de repostería o harina de trigo
  • 250 cl. de cerveza negra Guinness
  • 75 gramos de cacao puro en polvo
  • 250 gramos de mantequilla sin sal
  • 2 huevos L o XL
  • 140 gramos de nata líquida para montar o un yogur natural
  • 300 gramos de azúcar
  • 1 cucharada de postre de vainilla líquida
  • 2’5 cucharadas de postre de bicarbonato sódico

PARA LA CREMA DE QUESO DE COBERTURA

  • 250 gramos de queso cremoso (puede ser mascarpone)
  • 150 gramos de nata para montar
  • 100 gramos de azúcar glass

Desarrollo de la receta

Lo primero de todo es tener claro que los ingredientes del bizcocho tienen que estar a temperatura ambiente y los de la crema de queso tenerlos en la nevera hasta que los manipulemos. Con esa idea clara precalentamos el horno a 180° con calor arriba y abajo, sin ventilador.

Ponemos en un cazo, a fuego bajo, la cerveza y la mantequilla cortada en trozos removiendo de vez en cuando. El objetivo es que la mantequilla se funda y vaya fusionando con la cerveza. Reservamos.

Vamos a mezclar los ingredientes secos. En un cuenco echamos el azúcar y, sobre él, tamizamos (pasamos por un colador) la harina, el cacao y bicarbonato. Es importante tamizarlos para que luego, al añadir los líquidos, no se formen grumos.

En otro cuenco batimos los huevos con la nata y el extracto de vainilla. Batimos bien hasta obtener una mezcla homogénea. Añadimos el contenido del cazo reservado con la cerveza y la mantequilla. Seguimos batiendo hasta que quede todo bien integrado.

Echamos, ahora, la mezcla de ingredientes líquidos sobre el cuenco de los secos. Con varillas manuales o eléctricas mezclamos bien para que no se formen grumos. Lo hacemos despacio, poco a poco, para que no quede el bizcocho apelmazado.

Enseguida, para apovechar desde el principio las propiedades del bicarbonato y así lograr un bizcocho más esponjoso, ponemos la mezcla sobre el molde. Antes lo hemos untado con un poco de mantequilla aunque también se puede forrar con papel de horno. Lo introducimos en el horno, ya precalentado a 180°, a media altura durante 50 minutos más o menos. Introducimos un palillo en el bizcocho. Si sale limpio ya está. Si no, lo dejamos cinco minutos más y volvemos a comprobar.

Dejamos enfriar el bizcocho antes de cubrirlo con la crema de queso.

Vamos con ella. Montamos la nata sin añadirle nada de azúcar. Por otro lado, mezclamos el queso con el azúcar glass. Cuando está bien mezclado, incorporamos la nata montada y mezclamos con movimientos envolventes muy suaves hasta conseguir una crema homogénea y sin grumos.

Con una paleta específica, una lengua o, simplemente, una cuchara, extendemos la crema sobre el bizcocho una vez que ya está frío.

Apunte del “cocinillas”

Pese a que en los ingredientes he puesto las cantidades que vienen en todas las recetas, por razones logísticas y por no tirarme diez días comiendo tarta, yo la he hecho más pequeña. Exactamente con la mitad de las cantidades. El molde redondo de entre 20 y 22 centímetros que se recomienda habitualmente lo he convertido en otro más pequeño, de silicona y apto para horno. El resultado ha sido bueno.

¿La pequeña grieta en el medio de la tarta? No fue el desmoldado. O sí… Saqué el bizcocho perfectamente del molde pero, a la hora de darle la vuelta para dejar hacia arriba la parte más plana, se rompió un poco. No hay que perder la concentración en ningún momento.

Por último, lo de extender la crema por encima del bizcocho con una cuchara y sin demasiado cuidado nos viene bien a los que tenemos limitaciones artísticas. No hay que esmerarse demasiado y la verdad es que queda bien la semejanza con el color de una buena cerveza negra con su espuma blanca por encima…