Para la colección…

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Tercios de El pelotari y la Fallera. El Quiosco Madrid

Cuando en el trabajo te dan una patada en el culo, es bueno que alguno de tus amigos ande cerca. Si, en el curso de los acontecimientos, a uno de ellos lo han incluido en el saco, no es un gran momento pero, egoístamente, a ti te viene bien. Si, además, él es coleccionista de cervezas y es 1 de agosto con el calor que hace en Madrid a la una de la tarde… lo mejor es ir a buscar alguna botella que no esté en la colección. Así relajaremos un poco.

Hacía tiempo que, en el barrio de mis padres, había localizado un bar en el que tenían la marca de cerveza con una edición especial de dieciséis etiquetas distintas. El pelotari y la fallera, se llama la colección. Hasta entonces no habíamos podido encontrar el momento adecuado para ir a echar un vistazo. La situación era la adecuada.

Llegamos al bar y preguntamos. Sí, alguna hay. El camarero saca unas cuantas y empezamos a revisar. Los tercios de esta colección sólo se venden en hostelería y pocos bares teníamos ubicados con la marca así que aprovecharemos. La idea es buena. Nos tomamos una cerveza y las otras que tenga nos las llevamos. Después del primer tercio llega el segundo. La idea sigue siendo buena: “nos tomamos ésta y ya nos llevamos el resto”.

Hay ideas que, por muy buenas que sean, es posible que no lleguen a realizarse. Un tercer tercio cayó por la sed y es que hay que recordar que era agosto. El último fue cuestión de matemáticas, “Ocho etiquetas distintas, somos dos… a mí me salen las cuentas”. Y el cuarto tercio cayó. Alguna otra botella nos llevamos también.

No sé si hablamos del trabajo. Supongo que sí. Y de muchas otras cosas. Lo que sí es cierto es que llegamos a casa más tranquilos y con la intención de volver otro día a intentar completar la serie.

P.D. Las dieciséis botellas y las cinco latas de la edición especial ya están catalogadas.